Objetos en la vía pública

Todos los artilugios tridimensionales que nos rodean han sido diseñados por alguien. Algunos han evolucionado a partir de elementos naturales que se adaptaban perfectamente a su función, una concha como cuenco, y han ido afinándose con el paso del tiempo. Durante siglos los artesanos velaban por que los objetos se hicieran de una determinada manera, al tiempo que aprendían de otros lugares y culturas. Pero con la producción industrial, la mayoría han sido ideados por un profesional que llamamos diseñador industrial o de producto.
Si se trata de objetos de baja tecnología como muebles, lámparas o útiles del hogar pueden ser fruto de la inspiración personal. Pero a medida que la complejidad tecnológica aumenta como en un teléfono móvil o un coche, se requieren equipos de especialistas más amplios.
Sea cual sea su origen, los objetos afectan notablemente a nuestra vida diaria. Una parte de ellos, sobre todo en el ámbito del hogar, pueden ser fruto de nuestra elección. Pero en los lugares públicos, transportes, calles, edificios administrativos… nos convertimos, en un espacio que nos pertenece a todos, en usuarios de elementos pensados y seleccionados por otros.
Demos un paseo por nuestro barrio. Nada más salir del portal encontramos algo tan común como una papelera. Su forma y color nos hablan de su utilidad, pero también de un estilo determinado. Al cruzar la calle nos fijamos en el semáforo. ¿Se distinguen bien las luces a pleno día? La acera, los bancos, la zona de juegos, los contenedores de residuos ¿son accesibles? ¿están hechos con materiales respetuosos con el medio? Las farolas ¿alumbran donde deben o derrochan su luz?, los paneles informativos y señales ¿son visibles para todos? ¿Informan o desorientan?… En definitiva decenas de objetos cuya forma, estilo, ubicación, utilidad pueden responder o no a su función de bienes públicos necesarios para el bienestar de la sociedad.
El espacio público urbano es el lugar de encuentro y sociabilidad de los ciudadanos, la gran sala de estar común de los vecinos. O desarrollamos un criterio para amueblarla adecuadamente o nos la afearan con artefactos que no nos satisfacen. Pero ¿cuál es el criterio de idoneidad para los elementos del equipamiento urbano? Permitidme resumirlo en una palabra: sostenibilidad. Término devaluado que exige aclarar su auténtico significado. Un objeto o una acción es sostenible si cumple tres facetas:
–       Sostenibilidad económica. Con un coste razonable y viable en su instalación y mantenimiento para las arcas públicas.
–       Sostenibilidad social. En el sentido de ser un diseño para todos, con especial atención a la cuestión de la accesibilidad.
–       Sostenibilidad ecológica. Atendiendo al ciclo de vida de los materiales empleados (desde el origen a su reciclaje) y su eficacia energética.Además como elementos cualificadores y constitutivos de la imagen y la configuración del paisaje urbano, a estos tres requisitos cabría añadir la función estética o simbólica.

No se trata pues de una cuestión de buen gusto, sino que contribuir críticamente a la democratización del espacio público.

Acerca de vicentgregori

Creativo publicitario y diseñador gráfico. Me interesan proyectos de diseño y creatividad; de formación de nuevos profesionales y de divulgación del diseño
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